Liz Taylor Y Roland Barthes

1971

1965

Aunque Liz Taylor me parece bellísima, nunca ha sido una de mis estrellas fetiche. Sin embargo, hoy hace cuatro años (unodos y tres) que murió y quiero recordarla. Sus ojos me impresionan mucho en la pantalla, y tiene un corte de cara que a veces me recuerda a Vivian Leigh, sin embargo, aunque fue la mujer más famosa del mundo por su romance con Richard Burton, y su rostro es bellísimo, la gente que la conoció decía que era un efecto porque era muy bajita, tirando a cabezona, y su perfección se estropeaba un poco en conjunto. Eso no quitaba fascinación a su cara, por supuesto, y por eso traigo esos dos primeros planos de Vogue tan hermosísimos, de 1965 y 1971, que me hacen recordar aquello que dijo Roland Barthes sobre el rostro de la Garbo y que creo perfectamente válido para el de Liz Taylor que, probablemente, fuera la última estrella del viejo Hollywood. 

“La Garbo aún pertenece a ese momento del cine en que el encanto del rostro humano perturbaba enormemente a las multitudes, cuando uno se perdía literalmente en una imagen humana como dentro de un filtro, cuando el rostro constituía una suerte de estado absoluto de la carne que no se podía alcanzar ni abandonar. Algunos años antes, el rostro de Valentino producía suicidios; el de la Garbo participa todavía del mismo reino de amor cortés en que la carne desarrolla sentimientos de perdición.
Se trata sin duda de un admirable rostro-objeto. (…) En su enorme belleza, ese rostro no dibujado sino más bien esculpido en la lisura y lo frágil, es decir, perfecto y efímero a la vez, incorpora la cara harinosa de Chaplin, sus ojos de vegetal sombrío, su rostro de tótem”.


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